ZOOZUELANOS, ZOOZUELANAS, CIUDADANOS DEL MUNDO, TODOS…
Comenzamos hoy, aunque tarde, más no de manera inoportuna, el recuento diario de vivencias, hazañas y aventuras del quehacer, andar y desandar de quien pervive en un lugar pintoresco, desgarbado, conformista e intolerante, imaginario pero no sublime, llamado Zoozuela.
Faltarán horas y días para describir en detalle, en esta bitácora, toda especie de particularidades y rarezas, de lugares comunes y de incoherencias, de escenas increíbles y de incongruencias, vividas en esta, la maravillosa y entrañable Zoozuela.
Esta geografía, no localizable en mapa alguno, pues forma parte del imaginario popular, es habitada, en su mayoría, por animalitos silvestres, alimañas y bestias salvajes que se mueven aceleradamente, del alba al ocaso, en la selva de concreto.
Se les ve claramente desplazarse con angustia y afán entre calles, avenidas, ascensores, escaleras mecánicas o tradicionales, sentados en sus carros o parados en autobuses, rapiditos y jeeps… así como surfeando el tráfico, ola tras ola, en sus exasperantes y comandantes motos…
Capítulo aparte, SIEMPRE, para los conductores de estos artefactos indeseables que se pasean a placer y con placer por doquier, a cualquier hora, sobre la acera, por la derecha, por la izquierda, contrasentido, contravía, sin tregua ni cuartel, menguando el espacio y los derechos que los demás tripulantes de vehículos deberían tener / contener / mantener.
¡No podemos seguir preservando tanto cuento insólito y absurdo! Tenemos / debemos / estamos obligados a compartir este “insólito universo” en el que vivimos con todos los que se animen a leer, a manera de distracción o de precaución, tan inverosímiles historias.
Bien-venidos (o-idos) entonces a la Zootácora, un espacio amplio de crítica y discusión sobre las laberínticas escenas que vive el zoozuelano común… y, porqué no, también el que no lo es tanto…
